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Artículo 5: Mantener la marcha

Los orígenes discutidos de Río Mayo

Después del Lago Fontana

La llegada al Lago Fontana fue un éxito para la expedición.

Los Rifleros habían remontado el Senguer hasta sus nacientes, habían reconocido un lago que no figuraba con claridad en la cartografía argentina y habían reunido datos importantes para entender una zona todavía confusa de la Patagonia.

Habían llegado lejos. Todavía había que volver.

Había que volver con los hombres, los animales, las cargas, los instrumentos y los registros. Había que seguir el curso del Senguer, avanzar hacia los lagos Musters y Colhué Huapi, buscar luego el río Chico y finalmente alcanzar la confluencia con el Chubut.

La dirección general del regreso tampoco era desconocida. En 1881, Carlos María Moyano ya había publicado su recorrido entre el río Chico y el Chubut.

Pero la orientación general no eliminaba las dificultades de la marcha.

Entre la ruta prevista y la marcha diaria quedaban el viento, los animales, los víveres, los ríos y las esperas.

Este artículo mira ese momento preciso: desde mediados de diciembre hasta mediados de enero, cuando la expedición ya llevaba dos meses de marcha y atravesaba, además, en el verano austral, lejos de las peores condiciones del invierno. La empresa seguía cumpliendo su plan, pero el desgaste ya empezaba a verse.

Ese costo tuvo dos momentos: primero, el esfuerzo por llegar más lejos hacia la cordillera; después, el esfuerzo de volver con lo obtenido.

No seguiremos esos días como una cronología estricta, sino por los problemas que fueron reduciendo el margen de la expedición.

Para este tramo, el diario de Thomas permite ver lo que la memoria de Fontana resume.


Avanzar más livianos

Antes de llegar al lago, la expedición ya había tomado una decisión importante: no seguir hacia la cordillera con todo el peso.

El 24 de diciembre, Thomas registró que dejarían parte de los cargueros en el campamento para avanzar con mayor rapidez. La familia de Martín Platero quedaría allí, junto con parte de los bienes y algunos animales. La expedición seguiría más liviana hacia los Andes.

Dejaremos la parte más pesada de los cargueros para alivianar la marcha y poder galopar en caso de necesidad. De esta manera haremos en quince días lo que de otra manera nos llevaría un mes.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La expedición no avanzaba con recursos ilimitados ni con una logística cómoda. Para alcanzar la zona cordillerana decidieron dejar parte del peso en el campamento y ganar velocidad.

Platero siguió con el grupo como baqueano; su familia quedó en el campamento.

Eso los dejó dependiendo de una cadena delicada: que los bienes quedaran seguros, que los animales resistieran, que los hombres pudieran volver, que la comida alcanzara y que no surgieran imprevistos demasiado grandes.


Los animales eran la expedición

Hoy es fácil imaginar una expedición como un grupo de hombres avanzando por el mapa. Pero en 1885 la expedición era también sus animales: sin caballos no había movilidad, sin cargueros no había víveres y sin animales descansados no había exploración posible.

Cada caballo perdido, cada animal cansado y cada demora para reunir la caballada afectaba directamente la marcha.

El mismo 24 de diciembre, cuando la expedición decide alivianarse, también anota que algunos caballos quedan atrás por estar flacos o rengos.

Ramon deja su yegua que anoche produjo un potrillo; John Henry Jones también deja dos o tres caballos que están algo flacos y renguean.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Dos días después, el 26 de diciembre, preparar la marcha ya consume buena parte de la mañana.

Nos tomó hasta las 11 a.m. apilar nuestro equipaje y preparar los caballos y aperos.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Al día siguiente faltan cuatro caballos.

El 28 de diciembre la salida se retrasa porque Antonio había ido a buscarlos.

Partimos a las 10:40 a.m.; nos retardamos por esperar a Antonio que había ido por los caballos extraviados; los encontró a una legua del campamento.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La marcha dependía de eso: reunir caballos, preparar aperos, esperar animales extraviados y decidir cuáles podían seguir y cuáles debían quedar atrás.


Comer el margen de seguridad

La comida tampoco era un dato abstracto.

El 24 de diciembre, Thomas registra que mataron una vaca y un novillo. Una parte quedó para la familia de Platero. La expedición llevaría comida suficiente para quince días y esperaba completar la alimentación con caza.

Llevaremos suficiente comida por quince días y esperamos también cazar algunos guanacos y avestruces.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

El 4 de enero, después de la fuga de Platero, de los hombres enviados tras él y de las esperas en el campamento, Thomas anotó que tuvieron que matar un toro porque estaban sin carne.

Matamos un toro porque estábamos sin carne, nos quedan la vaca, la vaquillona y el novillo colorado y si no hay más remedio, la yegua de Mayo y su potrillo, pero esperamos que estos tres animales, sumados a lo que podamos cazar, nos mantendrán hasta que lleguemos al Chupat.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

El regreso seguía previsto, pero dependía de animales contados y de lo que pudieran cazar.

Días después, el 10 de enero, la anotación se vuelve todavía más clara:

Ayer sacrificamos un novillo, una vaca y una vaquillona, los últimos que quedaban de los animales que hallamos en el valle del Sacamata.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Cruzar un río no era una línea en el mapa

Cada cruce implicaba elegir un paso, medir la corriente, cuidar las cargas, controlar los animales y asumir riesgos. Un error podía mojar cargueros, separar hombres, perder animales o poner en peligro una vida.

El 28 de diciembre, Fontana menciona que al avanzar por el valle superior del Senguer, el río les cortó el paso y tuvieron que trasladarse a la otra banda.

Thomas registró que el río corría dividido en varios brazos. Al cruzarlo, algunos cargueros se mojaron, aunque “no hubo mucho daño”. La frase parece menor, pero muestra una realidad concreta: un cruce podía afectar carga, víveres, instrumentos o ropa. En una expedición así, no era un detalle menor; era un riesgo logístico.


El terreno también podía tragarse los caballos

El 29 de diciembre, Thomas anotó que rodearon el extremo oriental del lago y cruzaron un terreno lleno de agujeros donde los caballos se hundían a cada paso.

Fontana desarrolló la escena con más detalle.

Después, continuamos al oeste si bien muy penosamente á causa de que el terreno era arenoso y completamente minado por los ratones.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

La dificultad no estaba solamente en avanzar, sino también en detenerse. Si intentaban tomar aliento, los caballos se hundían todavía más.

Los caballos se enterraban hasta el pecho á cada momento, y despues de conseguir que saliesen, era para dar algunos pasos cayendo al rato, nuevamente con sus ginetes.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Casi todos terminaron en el suelo. Martín Platero recibió una manotada de su caballo en el costado derecho.

Y entonces Fontana dejó una definición importante:

Aquello no era solamente penoso, sino tambien de peligro inmediato.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

El límite del avance hacia el oeste

El interés por alcanzar el valle superior del Senguer no surgía solamente de una curiosidad geográfica. Fontana buscaba determinar si existía un curso de agua que permitiera alcanzar el Pacífico. También estaba influido por las descripciones que George Chaworth Musters había dejado años antes durante su paso por la región. Algunas de sus observaciones y la tradición que circulaba entre exploradores hacían pensar en una zona especialmente favorable.

Sin embargo, la impresión que produjo el valle fue muy distinta.

Pero grande fué nuestra decepcion, cuando despues de tanto soñar con estensas praderas, nos encontramos en una region ingrata, y en la cual, esperimentamos los mayores sufrimientos de nuestro viaje á causa del viento y del frio.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Fontana observó desde la altura un valle, un río y un boquete que interpretó como el posible Paso de Simpson. Sin embargo, la posibilidad de seguir avanzando chocó con una realidad muy concreta.

Pero, las montañas escarpadas y los bosques espesísimos nos oponian resistencia invencible por ese lado.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Y enseguida explicó por qué insistir podía ser peligroso:

Faltos de herramientas, y ya escasos de víveres, sintiendo ademas que las fuerzas físicas disminuian rápidamente […] era bien aventurado continuar, y mas, cuando todo nos decia que el éxito de la espedicion, tan feliz hasta entonces, podia comprometerse.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Continuar podía comprometer el éxito ya alcanzado. Seguir hacia el supuesto paso podía esperar; volver con lo obtenido era ahora parte del plan.


Viento, frío y fuego difícil

La decisión de regresar no resolvió los problemas. En algunos aspectos, apenas marcó el comienzo de una etapa distinta del viaje.

Fontana resumió así los primeros días del regreso:

Desde el 1° hasta el 5 sufrimos mucho á causa de un viento constante, helado y fuertísimo á punto de que nos veíamos en sérios conflictos para encender fuego y conservarlo.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Thomas confirma ese cuadro en sus anotaciones. El 2 de enero anota:

Es un día muy desagradable; nuestro campamento no tiene reparo y es polvoriento. Esperamos partir mañana aunque sea domingo; estamos muy incómodos, pasamos frío y se termina la comida para los caballos.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

El 3 y 4 de enero el viento fuerte continúa:

Dicen que el viento sopla fuerte en el Chupat: si vinieran aquí dirían que el viento más fuerte en el Chupat sería una brisa en comparación con esto.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

El viento convertía cualquier pausa en desgaste.


La autoridad puesta a prueba

El desgaste de la expedición no se veía solamente en los caballos, los víveres o el terreno. También aparecía en las decisiones de los hombres.

Thomas deja ver algunas fricciones pequeñas, pero significativas. El 14 de diciembre, cuando avistaron el toldo de Martín Platero, el avance debía hacerse con prudencia. Sin embargo, dos hombres ligados al Gobernador se precipitaron antes que los demás y provocaron un sobresalto innecesario.

Entonces unos dieciocho hombres avanzaron en un galope sosegado, con la excepción de los dos hombres del Gobernador que imprudentemente se precipitaron y asustaron a la pobre china y a los niños que habían quedado en el toldo.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Thomas no dice quiénes eran esos dos hombres. La incógnita queda abierta. En la lista de la expedición, los hombres más directamente asociados al Gobernador eran Pedro Derbes, secretario de Fontana, y el sargento Ricardo Franco, su asistente. No alcanza para identificarlos con seguridad, pero sí para mostrar que incluso dentro del entorno inmediato de Fontana podían producirse decisiones imprudentes.

La escena no fue grave sólo por el susto. También revela algo más sutil: en una expedición armada, cansada y en territorio desconocido, una iniciativa fuera de tiempo podía alterar toda una situación.

Días después apareció otra señal parecida. El 26 de diciembre, Thomas anotó una dificultad menor con algunos hombres que eligieron el lugar del campamento sin consultar al Gobernador ni a los oficiales.

Esta tarde surgió una pequeña dificultad con algunos de los hombres, debido a que eligieron el emplazamiento del campamento sin consultar en absoluto con el Gobernador ni con los demás oficiales.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

No era una rebelión. No era una ruptura abierta de la disciplina. Pero sí muestra que la marcha no siempre se ordenaba de manera limpia desde arriba. Había cansancio, apuro, decisiones prácticas y hombres que, a veces, resolvían por su cuenta.

El episodio más claro aparece después, junto al Lago Fontana. Tras atravesar el terreno minado por ratones, con los caballos hundiéndose y los hombres cayendo, algunos acompañantes se desalentaron. No querían seguir hacia adelante. Preferían volver al campamento anterior y dedicarse a lavar oro en la boca del Senguer.

Fué en ese momento, cuando mis acompañantes esperimentaron un pasajero desaliento. Decian que no habia pasto bueno para los caballos, los cuales no podian continuar;—deseaban, en fin, regresar al campamento de la noche anterior, para allí ocuparse en lavar oro en la boca del rio Senguel, en tanto que algunas comisiones reconocian el terreno á vanguardia.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Fontana no aceptó ese retroceso.

Pero habiéndoles manifestado que tenia resuelto ir siempre adelante y no atrás, se conformaron y continuamos marcha á pié teniendo los caballos de la brida, hasta dos leguas mas al oeste en donde encontramos un campo bueno en el cual nos detuvimos para de allí esplorar el lago y sus proximidades.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886

Esta escena resume una tensión que suele quedar oculta detrás del relato general de la expedición. Fontana quería seguir. Algunos hombres preferían volver. El oro ofrecía una distracción concreta. Los caballos daban señales de agotamiento. Y la autoridad del jefe tuvo que imponerse para que la marcha continuara.

Vista así, la fuga de Platero no aparece como un hecho aislado en una expedición perfectamente ordenada, sino como el episodio más grave dentro de una serie de pequeñas pérdidas de control. Primero hubo imprudencias. Después decisiones tomadas sin consultar. Luego desaliento y deseo de volver. Finalmente, Platero escapó.

La expedición seguía avanzando, pero también debía sostener su propia cohesión.


Partidas separadas y días de espera

La fuga de Platero ya fue tratada en el artículo anterior. Aquí basta señalar su efecto sobre la marcha: hombres y caballos fueron enviados a buscarlo, la expedición debió esperar y el ritmo del regreso se alteró.

La comisión regresó alrededor de las 2 p.m., perdieron el rastro del indio en las piedras […] Nos quedaremos aquí hasta la mañana del viernes para descansar los hombres y los caballos.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Una expedición no se entiende sólo por sus grandes descubrimientos. También se entiende por sus pequeñas dificultades: caballos perdidos, cargueros mojados, viento constante, animales sacrificados, partidas demoradas, hombres obligados a esperar y terrenos que frenan la marcha.

Por separado, muchas de estas dificultades parecen menores. Juntas, muestran una expedición exigida.


La próxima crisis

La expedición ya había enviado hombres a buscar caballos, a perseguir a Platero y a reconocer distintos sectores del terreno. Cada separación aumentaba el riesgo de perder contacto entre las partidas.

En ese contexto llegó otro sobresalto: un hombre de la expedición desapareció.

Esa búsqueda abrirá la próxima pregunta de la serie: ¿fue entonces cuando los Rifleros llegaron al Río Mayo?


Nota editorial breve

El diario presenta algunas pequeñas inconsistencias en la identificación de animales. En distintos pasajes, Thomas atribuye la yegua y el potrillo a personas diferentes, lo que recuerda que se trata de anotaciones tomadas durante la marcha y no de una reconstrucción posterior.


Fuentes citadas en este artículo

  • Fontana, Luis Jorge. Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. Primera edición, 1886.
  • Thomas, John Murray. “Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros”, en Revista Camwy, n.º 10, Museo Histórico Regional de Gaiman, noviembre de 1985.
  • Moyano, Carlos María. A Través de la Patagonia. Informe del Viaje de Esploración Desde Santa Cruz al Chubut. 1881.
Última actualización · 15 jun. 2026 (1)
  • ✍️ Río Mayo

    Bibliografía

Preservando la memoria de Río Mayo
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